Los ‘checkpoints’, eje del control israelí en Cisjordania, se refuerzan en plena escalada

El ejército israelí ha intensificado durante las últimas semanas la presencia y el control en los checkpoints de Cisjordania, en un contexto de creciente tensión en la región. La medida ha provocado un fuerte impacto sobre la movilidad diaria de los palestinos y ha suscitado nuevas críticas por parte de organizaciones de derechos humanos y actores internacionales.

Desde comienzos de abril, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han ampliado los registros, alargado los tiempos de espera en los puestos de control fijos y desplegado nuevos checkpoints móviles —conocidos como flying checkpoints— a lo largo de las principales rutas de Cisjordania. El reforzamiento se ha concentrado especialmente en las zonas de Nablus, Jenín y Hebrón, donde han aumentado los enfrentamientos armados y los incidentes entre colonos israelíes y palestinos.

Origen y función de los ‘checkpoints’

Los checkpoints son puestos de control militar establecidos por Israel en Cisjordania desde la ocupación del territorio en 1967, tras la Guerra de los Seis Días. Aunque inicialmente se justificaron como mecanismos de control para evitar ataques contra civiles y soldados israelíes, su expansión ha ido en paralelo al crecimiento de los asentamientos israelíes en territorio ocupado y a la consolidación de un régimen de separación física entre comunidades palestinas e israelíes.

En la actualidad, hay cientos de checkpoints fijos en Cisjordania, además de numerosos bloqueos de carreteras, torres de vigilancia y controles móviles que se instalan de manera aleatoria. Estas barreras dividen los principales núcleos urbanos palestinos entre sí y los separan de zonas de acceso restringido, como Jerusalén Este o determinadas áreas bajo control militar israelí.

Israel sostiene que estas medidas son necesarias por razones de seguridad y para prevenir ataques. Sin embargo, diversas organizaciones, como B’Tselem y Human Rights Watch, denuncian que los checkpoints forman parte de una estrategia de control político y social sobre la población palestina, que incluye la fragmentación territorial, la presión demográfica y la limitación del desarrollo económico.

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Efectos sobre la población y el territorio

El impacto de estos puntos de control se refleja en todos los aspectos de la vida cotidiana en Cisjordania: el acceso a servicios médicos, la educación, el comercio, la actividad laboral e incluso la vida familiar están condicionados por el tiempo de espera, la apertura o cierre inesperado de pasos y los rigurosos controles de documentación y pertenencias.

Según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), los palestinos pueden llegar a experimentar retrasos diarios de hasta cuatro horas para cruzar ciertos checkpoints, especialmente aquellos situados en áreas cercanas a asentamientos israelíes o zonas bajo supervisión directa del ejército.

Los cierres repentinos, los registros corporales y vehiculares y las restricciones selectivas en función del perfil del viajero son prácticas habituales en estos puntos, que funcionan como mecanismos de vigilancia constante y como instrumentos de presión en momentos de tensión política o violencia.

Aumento reciente de restricciones

El recrudecimiento de los controles desde abril coincide con un aumento de la violencia en el norte de Cisjordania, donde las FDI han intensificado las operaciones militares. Este refuerzo ha incluido la instalación de nuevos checkpoints temporales y el cierre intermitente de accesos clave, lo que ha provocado una notable paralización del tráfico civil.

Las autoridades israelíes aseguran que el despliegue responde a necesidades operativas derivadas de la presencia de grupos armados palestinos y a la protección de las colonias israelíes. No obstante, el efecto práctico ha sido una mayor segmentación del territorio palestino, ya de por sí dividido en múltiples zonas administrativas con distintos niveles de control.

El checkpoint de Qalandiya, que conecta Ramala con Jerusalén Este, y el de Huwara, al sur de Nablus, han sido señalados como algunos de los puntos más afectados por el refuerzo de medidas. Allí se han producido largas colas, bloqueos prolongados y, en algunos casos, enfrentamientos.

El refuerzo de la red de control terrestre en Cisjordania refuerza la lógica de separación y vigilancia sobre la que se ha construido gran parte del actual régimen de ocupación. Lejos de ser una medida temporal, los checkpoints se han institucionalizado como parte del paisaje político, social y físico del territorio palestino ocupado.

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